La Asociación para el Desarrollo de El Salvador (CRIPDES), en el marco de su 36 aniversario, reafirma su compromiso de velar por los derechos de las personas más desprotegidas y vulnerables en las zonas rurales del país.

La pandemia de COVID-19 ha agudizado múltiples problemas económicos y ambientales y ha afectado a cientos de familias que subsisten del trabajo informal, de la agricultura y de pequeños emprendimientos. Las disposiciones del Gobierno de únicamente imponer una cuarentena domiciliar obligatoria y un régimen de excepción, desde el mes de marzo, imposibilitaron las labores agrícolas en las comunidades rurales, generando una baja producción de alimento y cosechas para las familias.

Por esta razón, las regiones de CRIPDES como UCRES, CCR, CRIPDES SUR LA LIBERTAD, CRIPDES SAN VICENTE Y PROGRESO han acompañado a las 300 comunidades con las cuales trabaja, siendo testigos del olvido en que se encuentran. Es clara la ignorancia de las condiciones en las que se vive en la zona rural. Cuando el gobierno anunció la paralización del servicio de transporte público en todo el país, no se tomó en cuenta o decidió ignorarse que casi el 85% de la población utiliza diariamente los autobuses para ir a comprar alimentos, medicinas y realizar otras actividades prioritarias.

CRIPDES gestionó y apoyó junto a entidades de la cooperación para apoyar mínimamente a las comunidades para enfrentar la situación de desabastecimiento de alimentos, medicina o material de limpieza. Se priorizó a familias en condición de vulnerabilidad, madres jefas de familia, personas con padecimiento de enfermedades crónicas, adultos mayores, mujeres embarazadas y a aquellas afectadas por las recientes tormentas.

CRIPDES acompaña a las comunidades rurales en su apuesta por huertos agroecológicos comunitarios. Esta es una alternativa a la que han recurrido para enfrentar el alto costo de los alimentos de primera necesidad en el mercado y los supermercados, así como para asegurar que su comida sea sana y libre de agrotóxicos.

Aún con las limitaciones a la industria económica, el daño ambiental no ha disminuido. Las empresas cañeras no han parado la actividad de riego y zafra de caña, generando más impacto en la salud de las comunidades. Además, hemos visto que el Ministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente sigue dando permisos para la construcción de más represas sobre ríos que abastecen a cientos de familias para sus necesidades básicas y hay que recordar que, para protegerse del COVID-19, es vital el acceso a agua de buena calidad.

Somos conscientes del daño y el dolor que el actual virus está dejando en miles de familias de nuestro país y del mundo. A ellas también queremos expresarles nuestra solidaridad y enviarles mucha fuerza. Recalcamos la importancia de seguir un protocolo de bioseguridad que pueda minimizar el riesgo; pero, al mismo tiempo, expresamos nuestra preocupación ante la falta de un plan que responda a las necesidades específicas de las familias que viven en condiciones de extrema pobreza, uno que vaya más allá de solo ordenarles quedarse en casa.

Por eso demandamos al Estado que priorice a nuestras comunidades rurales, brindando la asistencia y recursos necesarios como acceso a servicios de salud, al agua, buena alimentación, así como kits de higiene y de limpieza para enfrentar este periodo más crítico de la pandemia. También sugerimos que se diseñe un plan estratégico específico para las comunidades rurales, porque ahí la vida cotidiana es muy diferente a la urbana. Hasta ahora, esta última ha sido prioridad, lo cual se evidencia en la publicidad oficial dirigida a la clase media alta.

CRIPDES quiere dejar constancia que seguirá acompañando y apoyando a estas comunidades, pero también seguirá exigiendo que el Estado dé soluciones oportunas a esta situación. Como lo ha hecho desde su nacimiento un 14 de julio de 1984, esta organización seguirá pronunciándose y dando a conocer las problemáticas y los desafíos que como organización social enfrenta. Queremos una sociedad más justa, más equitativa y en la que haya un beneficio real para todas y todos, sin distinción de clases.

 

 

36 AÑOS DE LUCHA HISTÓRICA DE LA ASOCIACIÓN PARA EL DESARROLLO DE EL SALVADOR

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