CRIPDES como organización perteneciente a la campaña Azucar Amarga participó en la presentación del diagnóstico que evidencia el grave daño ambiental y el deterioro de la salud que causa las malas prácticas que implementan la industria cañera y aceite de palma en los países de Centroamérica.

El diagnóstico realizado en varios países de la región demuestra la industria azucarera está desplazando los cultivos de hortalizas y granos básicos y que ha incrementado la deforestación de varias hectareas, agudizando a su vez la crisis hídrica y las inundaciones en las zonas rurales de los países.

Los representantes de organizaciones sociales y ambientales aglutinados en la campaña Azucar Amarga acompañan los esfuerzos de denuncia que realizan las líderesas y líderes comunitarios para denunciar la expansión descontrolada de cañales que ocupan cada vez más territorio y la extracción de agua, dejando a las comunidades en relegadas y sin el vital líquido.

Los productores de la caña aplican fertilizantes, fungicidas y herbicidas en grandes cantidades. Entre los productos comúnmente usados están: el paraquat 2 4D, Actara 25-WG, Jade 23, Benomyl y Carbendazium; pero el que más se utiliza en El Salvador es el Glifosato, que se usa como herbicida y también como madurante, el cual lo aplican unos 20-25 días antes de la cosecha a través de medios aéreos.

Los incendios descontrolados por la quema de la caña también se han vuelto un riesgo para las poblaciones que viven en las comunidades aledañas a los cultivos, ya que lo único que separa las viviendas de las quemas de caña son unos cercos de alambre. Sin que hasta el momento las autoridades hagan algo al respecto.

Diagnóstico evidencia las malas prácticas y el grave daño que genera el monocultivo de la caña

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